La antigua religiosidad celta: rito y mito

La antigua religiosidad celta: rito y mito. Por Yolanda Barreno. ????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????

 Triskel grabado a mano sobre cuero, de http://artesaniacueluna.wordpress.com/taller-cueluna/

  -EL CONCEPTO DEL MUNDO Y DE LA EXISTENCIA:

Nos cuenta Manuel Velasco en su libro Breve historia de los celtas que estos parten de un concepto trinitario del mundo y de la existencia que les lleva a afirmar que entre dos conceptos opuestos se dan siempre estados intermedios que forman parte de ambos y que tienen suma importancia porque están vinculados a lo sobrenatural. Así, entre el día y la noche existe el crepúsculo; entre la luz y la oscuridad, la penumbra; entre las aguas de la tierra (ríos, mares, lagos…) y las del cielo (lluvia) está el rocío; entre la vida y la muerte, el trance del druida, el sueño o la inspiración del artista…

De esta manera, y una vez que el cristianismo dejó sentir su influencia sobre el mundo celta, cabría hablar también de la existencia de un estado intermedio entre el principio de creación (Dios) y el de destrucción (Cythrawul), que es lo que se conoce como círculo del infinito y que está formado, a su vez, por los tres círculos concéntricos por los que pasa un ser a lo largo de su evolución: el de la existencia terrenal (Awbredh), donde los seres se van reencarnando hasta depurarse y alcanzar la perfección que los permita pasar al siguiente estadio; en el que habitan los espíritus libres (Gwynnedh), que prosiguen su evolución para alcanzar lo absoluto; y el reservado en exclusiva a Dios, conocido como Kawgynt.

 Este concepto trinitario se manifiesta en otros aspectos de la mentalidad celta: en la concepción de un ser humano formado por cuerpo, mente y espíritu; en el sacrificio conocido como “la triple muerte” [1] (para complacer a los dioses, asegurar las cosechas, etc); y en uno de sus símbolos más conocidos: el triskel.

El triskel es la triple espiral que representa tanto la evolución (entendida como una serie de movimientos  que se van transformando a partir de su punto de origen) como la involución; que simboliza también ese concepto trinitario del ser humano; la creación, mantenimiento y destrucción por los que pasa la existencia; y la representación simbólica de las divinidades trinitarias que manifiestan su esencia mediante tres aspectos diferentes (por ejemplo, la Diosa madre, que aparece bajo la forma de doncella, madre y anciana).

Junto con el triskel, otro de los principales elementos simbólicos de la cultura celta es el del árbol sagrado, símbolo del crecimiento (externo e interno) y la regeneración, que surge del interior de la tierra para extenderse hacia el cielo y en el que se combinan los cuatro elementos: la tierra (las raíces), el agua (su alimento), el aire (donde respiran sus hojas) y el fuego (el sol, que produce la fotosíntesis).

 -DIOSES Y HOMBRES SANTOS: descarga (8)

 Caldero de Gundestrup

Además de estos iconos los pueblos célticos contaban con cientos de divinidades en su panteón (cuyos nombres presentan múltiples variantes locales), clasificadas por la función que realizan y los elementos naturales a los que se asocian. De esta manera, existen divinidades del agua, de los bosques, de la muerte, del amor, de la guerra, del fuego, de las cosechas, del trueno, de la medicina… En todos los pueblos celtas hay una diosa madre, denominada Dana o Danu (Irlanda), Deva (Europa) o Don (Britania); y un dios padre, como Dagda (el padre universal o sabio pelirrojo de los irlandeses) o Cernunnos (guardián de la puerta al otro mundo y dios de la vida y la muerte). Junto a ellos, otras divinidades principales serían:

 

  • Belenus, el brillante, a quien se consagra la fiesta del Beltane, que representa la iluminación espiritual.
  • Lug o Lugus, su dios más universal y habilidoso, patrón de los artesanos a quien se consagra la fiesta de la cosecha (Lugnasad) y a quien deben su nombre ciudades como Londres, Lyon o Lugo. Lug estaba simbolizado por el cuervo, era carpintero, hechicero y guerrero, iba armado con un arco iris y su rostro era tan brillante que no podía ser contemplado de frente.
  • Morrigan, la diosa de la guerra irlandesa, que aparece bajo tres formas: Macha, Nemainn y Badb, y confunde a los enemigos para lograr que se maten entre sí.
  • Arianrhod, diosa del destino y la iniciación representada como una araña que simboliza la interacción entre la naturaleza y las acciones humanas.
  • Ogmios, el dios de la poesía y la elocuencia, creador del alfabeto oghámico, a quien suele representarse como un anciano cubierto por una piel de león, rapado de oreja a oreja y con un mechón delante y otro largo detrás. De su lengua pendía una cadena unida a las orejas de varios hombres.

 

Además de los dioses, entre los celtas existían una serie de “hombres santos”, que cumplían diferentes funciones. Son los druidas, vates y bardos:

Los druidas eran mucho más que meros sacerdotes, pues en sus manos estaba la enseñanza y la sabiduría. Aunque se desconoce cuál es su origen, sí se sabe que debían afrontar un largo y arduo proceso de formación (podía llegar a los 20 años) en las escuelas druídicas, que se hallaban en el interior del bosque. Los elegidos se convertían en pupilos de un maestro que educaba a su discípulo en basándose en la tradición oral, con poesías y trazos esquemáticos que actuaban como sistema nemotécnico. Más tarde, debían superar una prueba iniciática, y si la superaban eran conducidos a una de las llamadas “islas de los soñadores”: Mona o Iona.

“En ciertas cuevas, algunos novicios de las escuelas druídicas estarán inmersos en su gran prueba iniciática. En ella morirán simbólicamente y podrán ver a la Cailleach sin velo para renacer como una nueva persona. A la mañana siguiente vestirán la túnica blanca y serán considerados druidas. Tomarán un nuevo nombre y romperán cualquier vínculo con su clan y tribu. Serán personas libres, aunque sujetas a un preciso código de conducta, entregadas al servicio permanente de la comunidad…” [2]

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Ese servicio permanente incluía desempeñar diferentes funciones:

  1. Vinculadas a lo sobrenatural: procurar que el espíritu de los difuntos no quedara aturdido al abandonar el cuerpo; realizar exorcismos; transformarse en otros seres; fabricar talismanes y amuletos; realizar conjuros; provocar la niebla o la tormenta…
  2. Practicar la medicina: conocían las propiedades de las plantas, y las empleaban para curar, sobre todo el muérdago, que es un antibiótico de amplio espectro y que recolectaban ceremonialmente con una hoz de oro. Practicaban también la imposición de manos, y en ocasiones se ayudaban de conjuros y también de la cirugía y de los baños de calor. Para los druidas, las enfermedades estaban provocadas por un desequilibrio en la parte espiritual de la persona, y por ello recurrían también al trance para detectarlo.
  3. Estudiar los ciclos astronómicos: claves para una sociedad agrícola como la suya. Los druidas determinaban el calendario y fueron capaces de observar eclipses y cometas.
  4. Administrar justicia, pudiendo desterrar a quien hubiera cometido un crimen.
  5. Transmitir la tradición oral a los iniciados y educar y aconsejar a los reyes.

 

Los druidas utilizaban un bastón, que decoraban con elementos metálicos o cristales y en ocasiones llevaban símbolos grabados. También utilizaban en sus rituales un caldero y poseían el huevo de serpiente: un preciado objeto de poder formado en las bocas de dos serpientes mientras copulaban.

Los vates eran los encargados de hacer vaticinios mediante la observación de múltiples elementos de la naturaleza (el vuelo de las aves, las nubes, los ruidos del bosque, las estrellas…) y de realizar sacrificios de animales cuyas vísceras analizaban con el mismo objetivo. En ocasiones, después de haber tenido un sueño profético y haber sacrificado al animal, se comían su carne en un ritual. Al igual que ocurría entre los druidas, también había mujeres en este gremio.

En cuanto a los bardos, cantaban las hazañas de los guerreros en himnos improvisados, acompañándose de música y poesía y realizando en ocasiones funciones propias de los druidas. Especialmente temidos eran los bardos satíricos, cuyos versos podían acabar con la reputación de cualquiera, provocarle una enfermedad, acarrearle mala suerte e incluso matarlo. Los bardos realizaban también conjuros y rituales (incluso en grupo), en ocasiones contra quien no les hubiera pagado por sus servicios.

 -LOS OTROS MUNDOS Y SUS HABITANTES:

 Los celtas creían firmemente en la existencia de las hadas, entendiendo este concepto como un término global que denominaría a todos los habitantes del sidhe, conocidos también como la buena gente.

Estos seres habitaban un mundo paralelo, coincidente con el nuestro en el espacio pero no en el tiempo, y por ello solo en determinados momentos concretos era posible la comunicación entre ambos mundos, y sólo unos pocos humanos serían capaces de escuchar sus cantos. Incluso, a veces, durante el Samahin, algunos humanos son invitados a visitar la tierra de las hadas: la mayoría no regresa, pero los que lo hacen, en el momento en el que pisan el mundo de los humanos, ven cómo su cuerpo recupera de golpe todo el tiempo que han pasado entre la buena gente y la muerte no tarda mucho en alcanzarlos. También puede ocurrir lo contrario: que un hada decida quedarse entre los humanos, perdiendo sus poderes sobrenaturales, normalmente por amor a un mortal. A diferencia de estos, cuando regresan a su mundo apenas han pasado unos minutos y por lo tanto nada ha cambiado.

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Las hadas habitan en árboles mágicos que los adultos tienen prohibido tocar, so pena de desatar sus iras. Debido a este mal carácter, cuando iba a construirse una casa, se colocaban previamente unos postes que indicaran sus límites, si no ocurría nada se procedía a construirla, pero si alguno de aquellos aparecía derribado se desistía y se cambiaba de emplazamiento, pues se entendía que la inicial estaría entorpeciendo algún camino de hadas. Esa legendaria irritabilidad era atribuida a los celos que estos seres féricos sentían por los humanos, capaces de comunicarse con el dios que ellos perdieron.

Los más conocidos de entre todos ellos son los leprechaun [3], los duendecillos zapateros y banqueros de las hadas que esconden bajo tierra todos los tesoros que encuentran. Se les representa como unos duendecillos regordetes y viejos, de nariz roja y piel grisácea, vestidos de verde y con un sombrero rojo de tres picos. Viven en viejos caserones abandonados, tienen su taller debajo de una seta y son aficionados a beber whisky y a fumar en pipa, por lo que por la noche se transforma en el turbulento Cluricaum, que se emborracha y usa como cabalgadura a perros y ovejas.

El paso a la otra vida era entendido por los celtas como una liberación de la vida terrenal. En función de la existencia que se hubiera llevado y de los méritos acumulados, se accedería a uno de los otros mundos o dimensiones: Avalon (la isla de las manzanas), la tierra de las mujeres, la de la juventud, la llanura floreada, la tierra submarina, la isla de los benditos, etc.

En Gales y Britania se creía en la existencia de un mundo subterráneo cuya puerta estaba en Glastonbury. De allí es de donde salía en ciertas ocasiones la llamada Cacería salvaje [4], dirigida por su rey Gwynn al Nudd (el dragón rojo) y su jauría de perros blancos con orejas rojas. La cacería recoge las almas de los muertos y las introduce en el caldero de la resurrección, para que así puedan regresar a la tierra, pero mostrándoles antes un espejo donde verán sus más oscuros secretos…

Pero no todos los espíritus de los muertos vuelven reencarnados, ni todos consiguen purificarse y acceder a algunos de los mundos del más allá que hemos visto. Algunos son rechazados por los dioses y condenados a no recibir ningún descanso: son los sluagh, malignos y desarraigados, molestos y destructivos, que vuelan en grupos e intentan poseer un cuerpo para volver a tener las sensaciones de los vivos o llevarse el alma de los moribundos consigo.

 -RITUALES CELTAS:

 Durante la celebración del Samhain (el comienzo del año nuevo celta, el 1 de noviembre) tienen lugar varios rituales; uno de ellos, relacionado con los sluagh, consiste en un baile interpretado por danzantes que llevan unas extrañas máscaras que representan a los muertos, quizá con el objetivo de exorcizar el miedo. Tras su frenética danza, persiguen a las gentes aterrorizándolas, hasta que aquellas les entregan una manzana o algún otro regalo que los deje satisfechos.

 Es esta una noche de hogueras, encendidas por los druidas, en las que quemar simbólicamente todo lo malo que ha ocurrido durante el año que acaba (cada uno echará al fuego una figura de madera que lo representa), para purificar la mente y afrontar así el oscuro y frío invierno que llega. Hay quienes arrojan también unas piedras marcadas, que recogerán a la mañana siguiente de entre las cenizas: si alguno no encuentra la suya, la muerte le rondará durante ese año e incluso, en otro tiempos, sería el elegido para ser sacrificado a los dioses en la celebración del verano.

 En la noche de Samhain las puertas entre este mundo y los otros quedan abiertas, y los espíritus de los difuntos pueden traspasarlas para venir a visitar a sus familiares. Los tambores suenan para atraer a los propios y alejar a los extraños; las mesas cuentan con un plato más para el difunto; los más sensibles llegan a comunicarse con él a través de la meditación… ¿quién sabe? Quizás así el difunto añore el calor del hogar y decida regresar, reencarnado, como un nuevo miembro del clan.

El fuego está también presente en el resto de las grandes festividades celtas, como el Imbolc, que se celebra el 1 de febrero para celebrar el retorno de la luz a la vida, tanto física como espiritual, y honrar a la Diosa, o el Beltane, la del dios Belenos, que tiene lugar el 1 de mayo. Ese día se encenderán dos grandes hogueras, con nueve clases distintas de leña que han traído nueve hombres, para dar comienzo a la mitad luminosa del año. Entre ellas, mientras resuenan los tambores y las gaitas, caminarán primero el ganado y después las personas, en un rito purificador que dejará en el fuego todo lo negativo que portaran.

En Beltane se hacen también sacrificios rituales: un toro blanco al que se extraen las vísceras para hacer predicciones y que después portarán en sus manos hombres y mujeres que caminan sobre las brasas, recibiendo la aclamación de los presentes. Los bardos entonan sus cantos, los barriles de cerveza se vacían, se baila alrededor de un ornamentado poste, los jóvenes tienen sus primeras relaciones sexuales, se ornamentan piedras fálicas y se abren, de nuevo, las puertas de otros mundos para que los seres invisibles puedan participar de la celebración.

Y las hogueras vuelven a arder el 1 de agosto para celebrar Lugnasad, la fiesta de Lug, la fiesta de la cosecha que asegurará la supervivencia hasta el año siguiente. Se canta y se baila en torno a la hoguera, se sacrifican animales, se preparan calderos y se comparte con los demás el primer pan hecho con la harina del primer cereal recolectado, que representa la continuidad de la vida. También se celebran entonces, ante los druidas, los matrimonios tailteanos, mediante los cuales las parejas se comprometen a mantenerse unidas durante un año y un día, y las que hicieron el pacto el año anterior acuden a formalizar su unión o a romperla y tomar cada uno su propio camino.

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En otros lugares de Irlanda, en este día tenía lugar otro curioso ritual: el candidato a ser nuevo rey debía unirse carnalmente a una yegua blanca, simulando ser un semental. La yegua será después sacrificada y troceada, echando la carne a un caldero en el que también entraba el rey, debiendo comer un trozo de la misma y beber un poco de aquel caldo.

Las tradiciones celtas fueron poco a poco desterradas y/o asimiladas por el cristianismo [5], que siempre tuvo en estos asentamientos un carácter especial, alejado de los preceptos y el control de Roma. En la mágica Irlanda, es posible todavía rastrear el eco de sus leyendas y tradiciones y atisbar a los seres féricos en alguna que otra encrucijada de caminos…

 NOTAS: [1]. Por ejemplo asfixia, corte de garganta o ahogamiento, o por herida de arma blanca, ahogamiento y fuego. [2] Velasco, M. Breve historia de los celtas, Ed. Nowtilus, Madrid, 2005. [3] Canales C., y Callejo J., Duendes, Ed.Edaf, Madrid, Madrid, 2005. [4] Nótese su relación con el mundo homónimo de la cacería escandinavo. Esta es una partida de caza de almas en pena, que advierte con su presencia catástrofes o muertes cercanas, aunque también se piensa que puede secuestrar a los niños no bautizados, arrastrándolos a un continuo peregrinar por campiñas y páramos solitarios. [5] Para saber más sobre el cristianismo céltico, http://www.articulosdemanuelvelasco.blogspot.com.

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