¿Podrán?

¿Podrán? Por Irache Ganuza Fernández y Ernesto Ganuza Fernández.

 

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Podemos ha desafiado la ley de la gravedad. Sin dinero, sin profesionales de la política, en tan solo tres meses, ha conseguido un éxito palmario. No solo no se ha caído del árbol, sino que le ha dado la vuelta. Nos quieren hacer creer que el perfil mediático de su candidato ha facilitado mucho las cosas, como si eso le hubiera servido de mucho, por ejemplo, a Roca en los ochenta, con acceso a los medios mayoritarios en su época y con una inversión que se antoja millonaria comparada con los 150 mil euros dedicados por Podemos a su campaña. Los ríos de tinta escritos en solo una semana sobre este fenómeno desbordan el raciocinio y el sentido común de lo que hasta ahora se entendía por política. Si alguien dudaba de que todo cambiaba -la comunicación con las TIC, la política con la comunicación, la identificación partidaria con la política- para que todo siguiera igual, Podemos se ha empeñado en que no, en que si todo cambia es porque nada seguirá siendo igual. ¿Podrán?

Desde luego, Podemos ha logrado proseguir allí donde las contradicciones entre el ejercicio del poder y la democracia habían bloqueado al 15M. Su éxito ha consistido en hilar una narrativa que todo el mundo puede reconocer, que se expandió en el 2011 y que no encontraba la forma de introducirse en el sistema.  Con un discurso que parece emanado de una de las asambleas de Sol, han sabido pulir y poner en la contienda política sistémica su propuesta asamblearia. Y vaya que si lo han logrado. Con sus votos, el incremento del viejo-nuevo partido UPyD queda en nada, el espectacular ascenso de IU plantea más sombras que luces y el PSOE se hace el harakiri para renacer de nuevo, sin mentar que abdica el rey. Podemos ha puesto al servicio de su partido la metodología que los indignados utilizaron para protestar y hacer que nadie pudiera ignorar su presencia y su argumentario. Visto el éxito electoral, cabe pensar que al menos la metodología funciona. Resta saber si su techo está cerca o si la metodología evolucionará con la llegada de nuevos retos. Pero, ¿es solo cuestión de metodología?

urna-ambrienta

(Viñeta humorística de Antonio Fraguas, Forges, en su web http://www.forges.com)

Si nada seguirá siendo igual, lo primero que Podemos ha hecho es reconocer que en política ya no se trata de izquierdas o de derechas, ellos que ni esconden, ni disimulan su trayectoria de izquierdas. La diferencia ideológica pasa a un segundo plano en favor del nuevo topos político que las protestas del 2011 pusieron sobre el tapete: el 99%, el pueblo, lo común. Es eso lo que se ventila aquí: rescatar la verdadera política, la que consiste en trabajar por lo común. Todo lo demás es fuego enemigo, interés partidista, todo lo demás no tiene que ver con lo que tiene que ser la política.  Lo que Podemos introduce en el sistema es el ejercicio de la ciudadanía, dicho de otro modo, una política hecha desde abajo, por unos ciudadanos capaces de pensar más allá de su interés particular para trabajar por lo que es de todos. Este nuevo topos que amenaza tantas estructuras de poder –partido clásico, bipartidismo, monarquía hereditaria- ha obligado a todos los partidos, al menos de izquierdas, a pulir en menos de una semana sus discursos con el fin de incorporar esa narrativa, con el fin de incorporar a la ciudadanía. Pero  diríamos más, ese nuevo topos ha hecho estallar el proceso de legitimación en el que descansaban las instituciones del siglo XX, para exigirles una renovación sin precedentes. El nuevo rey de España, sin ir más lejos,  sólo lo podrá ser legítimamente, si esa ciudadanía le avala en referéndum. Eso, ni más ni menos, es lo que Podemos ha introducido en el sistema.

Nos quieren hacer creer que esa forma de hacer política es propia de totalitarismos trasnochados. Y bastaría un vistazo a los clásicos para comprobar que Podemos recupera a los fundadores teóricos de la democracia, a Rousseau por ejemplo, para quien la voluntad general no puede ser representada, sino que constituida en Asamblea, ha de ser ella, y solo ella, la autora de las leyes. Nos quieren hacer creer que su mensaje es populista y, por lo tanto, un brindis al sol sin verdadero compromiso. Y quizás tengan razón en esto último y Podemos sea una estrella fugaz pasajera, pero sospechamos que el nuevo topos introducido no lo será. Que de alguna forma ha dinamitado la política del siglo XX, para introducir unas nuevas normas de juego que, estas sí, reconocemos como democráticas. Pues la nueva metodología política, esa que los partidos de izquierda se apresuran a incorporar en un ejercicio desesperado de supervivencia tras la deblaque electoral sufrida en las europeas, es la de la participación, la de la deliberación. La metodología puesta en marcha por la ciudadanía. Ya no se puede considerar la política un juego de salón, tiene que hacerse en la calle y eso requiere una nueva forma de organización. Puede que no sea suficiente para afrontar todos los desafíos que están por venir; habrá ensayo y error, cómo no, si se quiere hacer frente a las contradicciones que implica combinar democracia y ejercicio del poder, participación y decisiones ejecutivas. Pero ya han logrado algo inaudito en clave del siglo XX: mediante una organización en círculos, que partía de cualquier persona que quisiera formarlos en su municipio, han conseguido generar pequeñas comunidades de Podemos en cientos de ciudades. Eso ha permitido, por ejemplo, que hubiera apoderados en muchas más mesas electorales de las que cabría sospechar el día de las elecciones europeas. En solo tres meses la nueva organización les ha facilitado visibilidad y presencia física. Eso no lo es todo, ni mucho menos, y es cierto que ahora vienen las curvas: decisiones políticas que tomar (en breve, votar en el parlamento europeo por un candidato), estrategias que considerar para las próximas elecciones del año que viene (municipales y generales), lo que implica un proceso de toma de decisiones interno, un método claro y conciso de comunicación entre la ciudadanía y el partido, en definitiva, un tipo concreto de relación política con la ciudadanía a la vez que se está votando en un Parlamento. Tengan éxito o fracasen en términos pragmáticos, esperamos que se recoja el guante que han lanzado: la democracia no puede ser el disfraz de ciertas oligarquías, la democracia solo es democracia si la política la hace la ciudadanía.

 ¿Podremos?

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