Sobre el tiranicidio.

Sobre el tiranicidio. Por Francisco Muriana.

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(“La escuela de Atenas”, en los Museos Vacticanos, de Rafael.)

¿Cuál es el origen del poder? ¿Quién debe sustentar la soberanía? Aristóteles sostenía que un hombre aislado solo podía ser una bestia o un dios. Como todos los seres humanos, no importa su época y su cultura, han vivido en sociedad todas las sociedades y  han tenido que abordar este problema.

Las respuestas han sido muy variadas. Pero parece claro que en épocas violentas y con excesiva dispersión de poderes enfrentados entre sí se hace hincapié en la necesidad de un poder fuerte, mientras que en épocas donde una autoridad  ejerce su soberanía sin contrapesos las teorías no adscritas al poder constituido insisten en la necesidad de limitar ese poder.

El tiranicidio era ya admitido, y a menudo ensalzado, por escritores clásicos como Cicerón, Plutarco, Polibio… En la Edad Media, sin embargo, no fue admitido de una manera generalizada y ni siquiera era observado el derecho a rebelarse contra la tiranía, porque la mayoría de los tratadistas partían del principio que cualquier poder era de origen divino.

Pero… ¿Qué es el tiranicidio? O mejor dicho, ¿qué defiende la teoría del tiranicidio? Podemos definirla como la teoría que defiende la licitud de la muerte del tirano.

Al pasar la Edad Media y llegar al siglo XVI, los teólogos jesuitas Domingo de Soto, Molina, Suárez, Belarmino, y, sobre todo, Juan de Mariana definieron al tirano no en función de su legitimidad, sino en función del deber de ejercer el poder para el bien de los súbditos y así justificaron la resistencia armada contra el monarca tirano y el tiranicidio.

De todos los escritos que trataron el tiranicidio fue el capítulo sexto de Juan de Mariana en su De rege et regis institutione el que alcanzó mayor fama.

Es en este capítulo sexto en el que Mariana muestra que los antiguos republicanos romanos amaban por encima de todo su libertad y su patria, estando dispuestos a acabar con el tirano que las quiera oprimir.

 En su obra, Juan de Mariana defiende principios tan “modernos” como la soberanía popular:

         “[…] la potestad real tiene su origen en la voluntad de la república, y por lo tanto, si así lo piden las cosas, no tan solo hay derecho para traer al rey a razón, sí que también para despojarle del cetro.”

 O el deber del príncipe de estar sujeto a las leyes, aunque su poder sea legítimo:

        ”Mas si el príncipe reina por consentimiento del pueblo o por derecho hereditario, tengo para mí que ha de sufrírsele con todos sus vicios, mientras no huelle las leyes a que se sujetara a su encumbramiento […]”

La otra respuesta al problema de la soberanía, la de la necesidad de una autoridad fuerte para evitar enfrentamientos llevó a la defensa del absolutismo. Su más famoso teórico del siglo XVII fue Bossuet, que llegó a defender la  teoría del origen divino del poder para justificar el absolutismo de Luis XIV. Enfrentarse al rey es enfrentarse a Dios.

Louis_XIV_(Mignard)

(Luis XIV, retratado por Pierre Mignard, prototipo de rey absolutista.)

¿Y la respuesta al problema de dónde debe residir la soberanía y cuáles son sus límites? Llegará en forma de dos soluciones (¡otra vez!) las cuales son las que se han puesto en práctica en nuestra propia época.

La primera idea -la de que un rey tiene limitaciones- conducirá al constitucionalismo de Locke y de Montesquieu. La segunda -que el soberano está por encima de la ley-, a través de Hobbes, conducirá  al totalitarismo.

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