El Camino de Santiago y su literatura.

El Camino de Santiago y su literatura. Por Yolanda Barreno. codice Calixtino

(Códice Calixtino)

Una vez consolidados los reinos cristianos del norte, España abre las puertas a la cultura europea por el Camino de Santiago, a través, fundamentalmente, de la cordillera cántabro-pirenaica (camino francés). Por él entraron la orden benedictina reformada, los cluniacenses y su nueva manera de pensar, los cambios en los ritos litúrgicos (se pasa del rito mozárabe al romano) y el arte románico, que será un buen reflejo de la nueva concepción del mundo. Por él también van a llegar a España manifestaciones literarias, como las colecciones de milagros o la poesía juglaresca y trovadoresca francesa.

Haciendo un recorrido cronológico, hay que partir, por lo tanto, de la literatura compostelana medieval, que está cargada de connotaciones positivas y se centra en aspectos como los milagros del Santo o la importancia que tiene hacer esta peregrinación.

Francés camino

(El Llamado “Camino Francés”)

Las primeras manifestaciones literarias vinculadas al Camino de Santiago se enmarcan dentro de los cantos que los peregrinos entonaban para darse ánimos a lo largo de su recorrido. Así, el Dum Paterfamilias, recogido en el Codex Calixtinus [1], que es el himno de peregrinación más antiguo que se conoce, y cuyo estribillo se sigue entonando hoy:

“Herru Sanctiagu / Got Sanctiagu / E Ultreia, esuseia / Deus, aia nos” [2]

En el libro IV de ese mismo Codex, que recoge la Crónica del Arzobispo Turpín, se menciona cómo la devoción por el apóstol Santiago y sus milagros hace que comiencen a llegar a España peregrinos de todo el mundo, con el objetivo de llegar hasta la tumba del apóstol:

 “[…] Vio en el cielo un camino de estrellas que empezaba en el mar de Frisia, que se extendía entre Alemania e Italia, entre la Galia y Aquitania, y continuaba por Gascuña, Vasconia, Navarra y España hasta llegar a Galicia, donde entonces permanecía oculto, e ignorado por todos, el cuerpo de Santiago».

Pero a Santiago de Compostela llegan diversos caminos que son recorridos por todo tipo de gentes. Es de suponer que en el séquito de las reinas y de los grandes señores franceses venían trovadores y juglares, que difundirían los cantares de gesta, tal y como se recoge en el poema del siglo XII Le moniage Guillaume. Estos juglares, de las más diversas nacionalidades, recitaban sus composiciones ante un público también diverso e internacional, y desarrollaban una temática preferentemente bélica y aventurera, en la que surge constantemente el motivo del peregrino, la realidad cotidiana, y la fantasía, mezclando, por lo tanto, lo histórico con lo ficcional.

De esta manera, ya en nuestro Cantar de Mio Cid aparece la importancia que en la época tenían las peregrinacionesy el propio Rodrigo Díaz de Vivar hace promesa de ir “de romería” a Santiago por “el camino francés” y a su regreso visitar la Cámara Santa de Oviedo:

Esas horas dijo Rodrigo: Señor, pláceme de grado.
Tal plazo nos dedes que pueda ser tomado,
que quiero ir en romería al patrón Santiago.
A los caminos entró Rodrigo, y pasó de Malgrado,
de cual dicen Benavente, según dice en el romanzo,
y pasó por Astorga, y llegó al Monte Irago
Cumplió su romería y por San Salvador
de Oviedo fue tornado”.

Al estar la cultura medieval en manos de la Iglesia, los monasterios se convirtieron también en una importante fuente de difusión. Muchos de ellos estaban dentro de la ruta jacobea, acogiendo dentro de sus muros a peregrinos que escuchaban de boca de los monjes leyendas y milagros vinculados al Camino. Así, en el Poema de Fernán González [3], se recoge el privilegio que supuso para Hispania el ser lugar de enterramiento del Apóstol.

cruz de Pedro Muñiz

(Cruz de Pedro Muñiz, bendecida en 1211 en la consagración de la Catedral de Santiago)

Uno de los autores más importantes de nuestra literatura de la Edad Media, Gonzalo de Berceo (siglo XIII), será también uno de los principales difusores de este tipo de leyendas y milagros. En su obra Milagros de Nuestra Señora recoge, entre otras, la leyenda del peregrino al que se le aparece el diablo en forma de Apóstol Santiago; leyenda que entronca con la Cantiga nº 26 del rey Alfonso X el Sabio, en la que el romero que murió desangrado tras el corte de sus genitales es vuelto a la vida pero sin recobrar sus partes. También El Arcipreste de Hita recoge, en El libro de buen amor, la imagen típica del peregrino compostelano, con estas palabras: 

“El viernes de indulgencias vistió una esclavina, 
gran sombrero redondo, muchas conchas marinas,
bordón lleno de imágenes, en él la palma fina,
esportilla y cuentos para rezar aína.
Los zapatos redondos y bien sobresolados
echó una gran doblez (alforja) y bodigos (bollos) lleva condensados:
destas cosas romeros andan aparejados.
Deyuso del sobaco va la mejor alhaja,
calabaza bermeja más que pico de graja:
bien cabe una azumbre y más una miaja;
no andarían romeros sin aquesta sufraja.” 

Otra de las manifestaciones literarias más importantes de nuestras letras es el romance, y lógicamente no va a ser ajeno al tema compostelano. Destaca especialmente el llamado Don Gaiferos de Mormaltán, del que se ha llegado a decir que es “el único romance auténticamente inspirado en la peregrinación”. En él se narra la historia de Guillermo X, duque de Aquitania, que llegó en peregrinación a Compostela y allí murió delante del Apóstol.

“Adónde va aquel romero, mi romero adónde irá,
camino de Compostela, no sé si allí llegará.
Los pies cubiertos de sangre, ya no puede más andar.
Pobrecito, pobre viejo, no sé si allí llegará.
De largas y blancas barbas, ojos de dulce mirar,
ojos tristes, leonados, verdes como agua de mar.
¿Adónde vas, peregrino, adónde quieres llegar?
Camino de Compostela, donde yo tengo mi hogar.
Compostela, esa es mi tierra, la dejé siete años ha,
reluciente en siete soles, brillante como un altar.
Ven mi romero conmigo, juntos hemos de marchar,
yo a la Virgen canto trovas, la Virgen de Bonaval.
Yo me llamo don Gaiferos, Gaiferos de Mormaltán,
si ahora no tengo fuerzas, mi Santiago me dará.
Llegaron a Compostela, fueron a la Catedral,
y de esta manera habló Gaiferos de Mormaltán:
Gracias mi señor Santiago, a tus pies me tienes ya,
si quieres tomar mi vida, ya me la puedes quitar,
que yo moriré contento en tu santa Catedral.
El viejo de barbas blancas cayó mirando el altar,
cerró los sus ojos verdes, verdes como agua de mar.
El obispo que esto oyó, allí lo mandó enterrar
Y así murió, mis señores, Gaiferos de Mormaltán.
Este es un de los milagros que Santiago sabe obrar”.

Otros romances que contienen alusiones a la peregrinación son: Flores y Blancaflor, que nos habla de uno de los múltiples milagros realizados por intercesión del Apóstol; oEl renegado, basado en un suceso acaecido en 1500 (un pescador vizcaíno hecho prisionero por los árabes y tentado a renunciar de su fe).

 Aparece también en el romancero el tema del robo a/o entre peregrinos, el ajusticiamiento del culpable (real o ficticio) y posteriormente, si el peregrino es inocente, el milagro que salva su vida y restituye su honra. El relato más famoso al respecto, que dio origen después a una conocida leyenda, es el que se sitúa en Santo Domingo de la Calzada donde “cantó la gallina después de asada”, y que en el que se relata que:

 “En el siglo XIV peregrina a Compostela Hugonell, un joven alemán de dieciocho años que va acompañado por sus padres. En el mesón donde se hospedan trabaja una muchacha joven que se enamora de él y le requiere de amores, a lo que el muchacho se niega. Despechada y con ansias de venganza, guarda en el zurrón del joven una copa de plata y luego le acusa de robo.

El joven Hugonell y sus padres se disponen a partir para seguir el peregrinaje, cuando llega la justicia y comprueban la acusación registrando el zurrón del muchacho. Le declaran culpable y es condenado a la horca. Los padres no pueden hacer nada por él más que rezar a Santiago. Al acercarse al cuerpo ahorcado de su hijo para despedirse oyen cómo éste les habla desde la horca y les dice que está vivo por la gracia del Santo.

Felices y contentos van a comunicar la noticia al corregidor que, justo en ese momento, está cenando opíparamente unas aves. El corregidor naturalmente se burla de lo que oye y lanza la frase conocida: «Vuestro hijo está tan vivo como este gallo y esta gallina que me disponía a comer antes de que me importunarais». Y en ese momento, las aves saltan del plato y se ponen a cantar y cacarear alegremente.”

 

gallinero Santo Domingo

(El Conocido como “gallinero”, en Santo Domingo de la Calzada)

A partir del siglo XVI la literatura sobre el tema cambia para mostrar una imagen peyorativa del peregrino, dándose entrada también a la ironía y a la burla, como vemos muy bien en El Quijote:

 “[…] vio que por el camino por donde él iba venían seis peregrinos con sus bordones, de estos extranjeros que piden limosna cantando; los cuales, en llegando a él, se pusieron en ala, y levantando las voces todos juntos, comenzaron a cantar en su lengua lo que Sancho no pudo entender, si no fue una palabra que claramente pronunciaban: “limosna”, por donde entendió que era limosna lo que en su canto pedían; y como él, según dice Cide Hamete, era caritativo además, sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venía proveído, y dióselo, diciéndoles por señas que no tenía otra cosa que darles. Ellos lo recibieron de muy buena gana».

Cervantes se burla después del bueno de Sancho, mostrándonos su simplicidad para entender el significado de Santiago como Patrón de España:

 “[…] qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel Santiago Matamoros: ¡Santiago y cierra España! ¿Está por ventura España abierta, y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?”.

 La crítica a los falsos peregrinos que, como ha quedado expuesto, no buscan sino sacar un provecho personal la reflejan también Quevedo (“[…] Con sus llagas postizas, / Arenas el de Soria / pide para una bula, / que eternamente compra. / Romero el estudiante, / con sotanilla corta, / y con el Quidam Pauper, / los bodegones ronda”) y Mira de Améscua (“Vagabundos inconstantes / sin rey sin patria ni amor / que deste mundo inferior / sois las estrellas errantes; / callad, callad, que yo os vea / en cuartos por los caminos, / por quién andais peregrinos, / haciendo que el mundo sea / vuestra patria y desta suerte /cantando por los umbrales / en cristianos hospitales / os halla ricos la muerte”); mientras que Tirso de Molina habla de la violación y sus consecuencias posteriores en su obra La romera de Santiago (“Al conde le llevan preso, / al conde Miguel, al prado, / no le llevan por ladrón, / ni por cosas que ha robado, / por esforzar a una niña / nel camino de Santiago”.) y en el siglo XVII Diego de Torres y Villaroel se burla de las condiciones en las que estaban las hospederías y albergues que jalonaban el camino (“De chinches, como de pulgas / no ay más que llena la manta / la chinche anda a la que corre / y la pulga a la que salta»).

La tradición compostelana es retomada en el siglo XIX por autores como Zorrilla, Valle Inclán, o los hermanos Machado. Manuel transmitiendo la esencia de la ciudad compostelana y la alegría de quienes han alcanzado su meta, y Antonio haciendo múltiples referencias al camino y a sus peregrinos, tanto en sus Proverbios y Cantares como en las Coplas elegíacas.

 También los autores del 27, como Gerardo Diego y Lorca, incluyen en sus poemas la figura del Apóstol y la imagen del camino de peregrinación:

“Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo.
Lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.
¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en un caballo blanco como el hielo” [4].

 En la actualidad además de las numerosas guías y ensayos que se publican sobre el Camino, el auge de la novela histórica ha hecho que muchos autores vuelvan de nuevo sus ojos hacia él. Podemos destacar novelas como La cruz de Santiago, de Eduardo Chamorro, El peregrino de Compostela: diario de un mago, de Paulo Coelho, Prisciliano de Compostela, de Ramón Chao, Peón de rey, de Pedro Jesús Fernández o El peregrino, de Jesús Torbado. En esta última, su protagonista, Martín de Châtillon, nos hace vivir con sus peripecias la dificultad de transitar los caminos en la Edad Media, el tráfico de falsas reliquias, y nos sitúa en cuál era el motivo principal, (que no el único), de todo aquel trasiego de gentes hacia poniente:

 “[…] ya conoces que apenas lleguemos a Compostela serán perdonados todos nuestros pecados, incluso aquellos que ni siquiera conocemos. Con tal seguridad, podemos pecar aunque no tengamos ganas de hacerlo. Ésa quizá es la razón de que a lo largo de este camino interminable hayamos encontrado a tantos pecadores y de tan distintos géneros; sin contar a los que no hemos conocido. Y ésa es la razón de que esté cada día más frecuentado y más lleno de esperanza. Pues al final de nuestro viaje nos veremos a nosotros mismos como niños recién nacidos. Veremos lo invisible”.

 

Músicos Pórtico (1)

(Detalle del grupo escultórico del Pórtico de la Gloria, Catedral de Santiago)

Notas: 

[1] Especie de guía turística para peregrinos que data del siglo XII.

[2] “Señor Santiago, Santiago bondadoso, ánimo, adelante. Señor Dios, ayúdanos “.

[3] De autor desconocido, fue compuesto en las postrimerías del siglo X o comienzos del XI, aunque el códice que se conserva es del siglo XV.

[4] Del poema “Balada ingenua”, de Federico García Lorca.

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