Mirar el mundo sin velos

Mirar el mundo sin velos. Por Javier Barrio.  

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(Campo de concentración de Auschwitz, fuente: Fondosmil)

 Jean Clair cuenta en su ensayo titulado Malinconia. Motivos saturninos en el arte de entreguerras, escrito en 1996, cómo los artistas de la época de entreguerras experimentaron ese sentimiento con fuerza: la melancolía, que es un sentimiento de tristeza y de desapego respecto al mundo del que se sentían escindidos, separados, extraños. Miraban estos artistas al mundo que les rodeaba y solo veían máquinas, velocidad, vértigo consumista, violencia y guerra. La Primera Guerra Mundial llenó el cielo de humo y fuego y la tierra de trincheras y montoneras de cadáveres; la época de entreguerras asistió a la Depresión del 29 y a la crecida imparable de los regímenes totalitaristas; y luego vino Auschwitz, metáfora de la muerte sistematizada, descarnada, en masa, la Segunda Guerra Mundial con el Holocausto, las cámaras de gas y los crematorios. Por ello los artistas de esta época miraron con desconcierto cuanto les rodeaba, se sintieron desplazados, solos, desconcertados, perdidos. La mirada escindida que observa con inquietud y sospecha, no lo soporta y acaba en la náusea, título de la novela de Sartre. En un ensayo sobre el significado de lo siniestro dice Freud que lo siniestro es cuando lo cotidiano se vuelve extraño. Eso le pasa a la mirada del que duda, del que no se complace en la molicie de una existencia aparentemente plácida en tanto en cuanto las cosas siniestras del mundo a él no le afectan. Aquello que el resto parecen ver como normal, él solo lo puede ver como extraño. Y es fundamental educar la mirada para que sea crítica, para que esté alerta, para que caiga en la melancolía porque no comprende y no tolera la realidad descarnada, deshumanizada, falsamente cómoda que se le presenta ante el rostro. Mirar con profundidad causa dolor, pero es necesario sentir el dolor de lo injusto, huir de la anestesia del alma que no siente porque no ve, o desvía la mirada hacia otro lado si es que ve, se pone una venda, cuando no un filtro que emborrone el drama y la angustia. Habría de ser ese nuestro único cometido, educar la mirada. Como ciudadanos y como seres humanos tenemos como primera responsabilidad eso: descubrir las estrategias del poder para aletargar nuestro juicio, nuestra sensibilidad y nuestros valores humanos. ¿Cómo? Siendo incrédulos, siendo críticos, derrochando ternura y compasión con los que sufren, siendo solidarios, desmontando cuantos cuentos nos han ido contando, siendo “melancólicos”.

León Felipe escribe esos versos tan sencillos, mas tan verdaderos:

“Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos(…)”.

LeonFelipe1_thumb

(El poeta León Felipe, hacia 1950)

Adorno, por su parte, dijo que después de Auschwitz era imposible la poesía, y se refería a que tras la manipulación extrema a la que el nazismo llevó al lenguaje para construir su relato ya no podría este volver a gozar de la inocencia necesaria para el verso, para la voz poética. Detengámonos un instante a mirar el mundo, quitemos filtros y desoigamos los falsos relatos, y la verdad nos será mostrada. Hay un pensamiento extenso, dicen los filósofos, consistente en ir acumulando información, una detrás de otra, de forma mecánica. Y ese es el conocimiento que se propicia en la escuela, e incluso en la universidad, en el que se insiste hasta la extenuación. Pero hay otro pensamiento profundo, que busca la reflexión, la crítica, la escucha y el buen juicio. En ese apenas nos detenemos. Si así lo hiciésemos no podríamos callar como callamos, no podríamos conformarnos como nos conformamos, ni podríamos dormir como dormimos. Un ejemplo basta: ya no se da asistencia médica a los inmigrantes irregulares. Recientemente he conocido el caso de una mujer brasileña que acaba de superar un cáncer de mama y a la que han comunicado que no van a realizar la revisión médica pertinente para comprobar que la enfermedad no se ha reproducido. Atendamos ahora al lenguaje que se está empleando desde el poder últimamente para justificar esta barbarie, esta tropelía: “ahorro”, “deuda”, “austeridad”. Términos económicos invadiendo el espacio del hombre, la palabra anuncia la trampa y el fraude, solo hay que saber escuchar.

Después de Auschwitz no es posible la poesía. Custodiemos como el mayor de los tesoros la mirada inconformista, despierta y en guardia, para que la sentencia de Adorno no se convierta en dogma.

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Un comentario en “Mirar el mundo sin velos

  1. Todas las habitaciones de la vida a fin de cuentas son cajones volcados.
    Todas las habitaciones de la vida y aquellas de las que no digo nada.
    Todas las habitaciones ahora mudas y sin embargo rumorosas.
    Todos los muros sin palabras, las ventanas muertas.

    Incluso el lugar en que esto escribo al alba mucho tiempo después
    En el silencio de pájaros repleto.

    Las habitaciones, cartas desgarradas.
    Sólo quedan de ellas gritos apagados,
    El desorden de haber sido el desorden sempiterno de ser.
    A partir de un cierto día vivir no es más que sobrevivir.
    Nunca más habrá otra cosa que este desorden llamado irrisoriamente memoria.
    Nadie volverá a colocar aquí de nuevo los objetos en su lugar.
    Nunca más.
    Todo habrá perdido el sentido que para mí solo tenía.
    Nada en adelante significará ya nada.
    Tanto peor para nosotros los que fuimos.
    Los niños del porvenir van a hablar de otras cosas con sus bocas frescas.

    Escribo para olvidar.
    Escribo sobre mis pasos.
    Para borrar mis pasos.
    Para perderme
    y que estos versos no sean
    otra cosa que apertura del silencio.
    No quiero seguir oyendo el cuchillo que desde siempre me trabaja
    el corazón.

    Excusadme por decíroslo y sentirme mal pero bien sé
    Que sentirse mal es algo por completo inexcusable.
    Sin embargo es por vosotros por quien sufro
    Por vosotros, gentes de más tarde.
    Y no como parece ni parecerá tal vez.Dios que llegue el día en que no abra de nuevo el periódico
    cada día sobre la desdicha del mundo.
    Bien veis que por todos los lados vengo herido.
    Ya en ninguna parte queda sitio para otra llaga.
    Excusadme.

    Nadie volverá a encontrar las habitaciones.
    Las casas serán demolidas tal como ahora saben demoler.
    Que no subsista nada,
    Ni la huella de un pie.
    No tal como bajo los siglos el sueño de los faraones
    Ni en las geologías el hueco de un ser que vivió.

    Oh maravillosa calma que vas a llegar, comienza
    Como una enorme risa desde el lugar hecho donde yo estaba.
    Barred, barred de todas partes mi sombra y mi paja.
    Vientos mesericordiosos barred mi aliento y mi palabra.

    No serán construidas ya más tumbas.
    No habrá ya cantos fúnebres.
    Tal será el fin de toda barbarie.
    Oh cuán limpio y puro estará el cielo por encima de nuestra ausencia
    Y en tiempo en ninguna parte tendrá reloj.
    Será hermoso.

    Hermoso con esa simpar belleza
    en la que nada ha sido pintado.
    No hay mas que blancura de la tela.
    Hermoso con esa belleza sin arruga y sin nube
    Hermoso con una belleza de boca de sombra
    Hermoso alcanzar el borde balbuciente del vaso
    Será tan hermoso morir cuando llegue
    La noche de al fin morir de al fin,
    De al fin amor mío de morir la noche de al fin morir.

    Una noche de espinos en flor en los confines de los perfumes y de la noche.
    Una noche profunda como la tierra para callar.
    Una noche tan hermosa que voy a creer hasta el último momento
    Dormir el sueño de tus brazos
    En el país sin nombre, sin despertar y sin sueños.

    El lugar de nosotros en el que todo se desliga.Porque todo pasa, pero no el tiempo de haber amado, de seguir amando todavía, hasta el último aliento.

    Louis Aragon (1897-1982)

    Quizás está en este “Poema del Tiempo que no pasa”, publicado en 1969, la prueba de la amargura ante la supervivencia en un tiempo, que tras el vaciado de sentido del concepto de “humanidad”, plasmado en la Tragedia del siglo XX, ha quedado indefinidamente muerto, a pesar de todos los intentos (siempre fallidos) por defender su dignidad. Más que la melancolía de los artistas de entreguerras, citada por Jean Clair, es más bien la nostalgia de la Ilustración, convertida en perversión por la arrolladora maquinaria del capitalismo y el fascismo, y desmontada como mito precisamente por Adorno en su “Dialéctica de la Ilustración” (1947). El viejo sueño de la razón ilustrada de conformar un mundo animado por la lógica se ha convertido en una pesadilla monstruosa. Un horror en el que el ser humano se ha cosificado, privado de sustancia, objeto del análisis del doctor Muerte en una fría sala de disección del matadero de Auschwitz. Hemos perdido el norte, y quizás nuestra única salida esté en buscar nuevas posibilidades de conocimiento inéditas para el razonamiento científico-estadístico: la filosofía y el arte.
    Decía Adorno: “La estupidez es una cicatriz. Puede referirse a una capacidad entre otras o a todas las facultades prácticas e intelectuales. Cada estupidez parcial de un hombre señala un punto en el que el juego de los músculos en la vigilia ha sido impedido más que favorecido. Con el impedimento comenzó, en el origen, la vana repetición de los intentos inorgánicos y torpes. Las preguntas sin fin del niño son ya el signo de un dolor secreto, de una primera pregunta para la que no halló respuesta y que no sabe plantear de forma adecuada. La repetición se asemeja en parte, a la obstinación alegre, como cuando el perro salta sin fin ante la puerta que aún no sabe abrir y al final termina por desistir si el picaporte está demasiado alto, y en parte obedece a la coacción sin esperanza, como cuando el león se pasea interminablemente en la jaula de un lado para otro o el neurótico repite la reacción defensiva que ya se mostró inútil una vez. Cuando las repeticiones se agotan en el niño, o si el impedimento ha sido excesivamente brutal, la atención puede volverse hacia otra parte; el niño se ha hecho más rico en experiencias, según se dice, pero es fácil que en el punto en el que el deseo fue golpeado quede una cicatriz imperceptible, una pequeña callosidad en la que la superficie es insensible. Estas cicatrices dan lugar a deformaciones. Pueden crear “caracteres”, duros y capaces; pueden hacer a uno estúpido: en el sentido de la deficiencia patológica, de la ceguera y de la impotencia, cuando se limitan a estancarse; en el sentido de la maldad, de la obstinación y del fanatismo, cuando desarrollan el cáncer hacia el interior. La buena voluntad se vuelve mala a causa de la violencia sufrida. Y no sólo la pregunta prohibida, sino también la imitación, el llanto o el juego temerario prohibidos pueden producir estas cicatrices. Como las especies de la serie animal, también los niveles intelectuales dentro del género humano, e incluso los puntos ciegos en un mismo individuo, señalan las estaciones en las que la esperanza se detuvo y son testimonio, en su petrificación, de que todo lo que vive está bajo una condena”.

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