Don Quijote a la luz de la filosofía antigua

Don Quijote a la luz de la filosofía antigua. Por Yolanda Barreno.

dore don quijote

Miguel de Cervantes, en su inmortal obra Don Quijote de la Mancha, recoge las tesis de los principales filósofos de la Antigüedad, cuyas ideas siguen teniendo vigencia en autores de renombre del siglo XX, como Octavio Paz.

Para realizar el recorrido por estas influencias es preciso remontarse a la teoría del alma  de Aristóteles. Como es sabido, para el filósofo griego todo en la naturaleza está formado por dos partes: materia y forma, cuerpo y alma si nos referimos al ser humano. Así, parece lógico considerar que este cuerpo sea Sancho, principal representante de la cultura carnavalesca en la obra, preocupado por dar satisfacción a sus necesidades materiales, y que don Quijote sea una de las partes en las que está dividida el alma, a saber:

Tres son para Aristóteles dichas partes: la germinativa o nutritiva, la sensitiva y la intelectiva. Dejando a un lado la primera de ellas, la sensitiva equivaldría en la novela al hidalgo Alonso Quijano, pues si es esta la que percibe la parte real de las cosas sirviéndose del cuerpo y los sentidos, es evidente que dicho cuerpo y dichos sentidos le pertenecen a aquel. La parte intelectiva (inteligencia, pensamiento), la que percibe la parte abstracta de las cosas valiéndose de imágenes y nos permite alcanzar la sabiduría y la prudencia, está dividida a su vez en otras dos: la activa y la pasiva:

  • La parte activa, la “forma”, en cuanto que ideal, es Dulcinea, la parte creadora, inmortal y eterna. Dulcinea es “infalible”, nunca se equivoca, y por eso, gracias a ella, don Quijote sabe lo que está bien y lo que está mal, y por eso se dirige continuamente a ella para inducir qué dirección debe tomar. A través de Dulcinea, el hidalgo llegará a la sabiduría: al conocimiento del mundo y de sí mismo, y ese conocimiento le dará la felicidad. Esta idea permite poner en relación a la dama del Toboso con la Beatriz de Dante, inteligencia activa que también conduce al poeta hacia la felicidad, que en su caso es el conocimiento de Dios (que es Verdad, Bondad y Belleza) y la meta del sabio.
  • La parte pasiva, la “materia”, será precisamente don Quijote, puesto que él siempre depende de aquella, piensa todo en función de su Dulcinea. Don Quijote “crea” continuamente imágenes (a través de la Dama inspiradora, guía espiritual que parece dictarle el camino correcto que seguir en pos de las reglas de la caballería), convirtiéndose así en una suerte de “poeta” creador de otras realidades (concepto también desarrollado por Octavio Paz, en El arco y la lira).

Debemos pasar entonces a analizar las teorías de Plotino, para quien la sabiduría se consigue por la inteligencia (Dulcinea) a través de la dialéctica (don Quijote), y la virtud por la sabiduría a través de la prudencia. El alma, para alcanzar la Belleza (entendida como Bondad) debe purificarse y alejarse de sus inclinaciones al cuerpo y a la materia, huir de los placeres de la carne. Por ello, don Quijote no cultiva su cuerpo sino su espíritu: a través de Dulcinea, nuestro héroe se purifica, se hace “forma y razón, se vuelve incorpóreo e intelectivo y se integra en lo divino, de donde nace la fuerza de todo lo bello”[1]. Dulcinea es bella porque es buena, es la Belleza propia del alma unida indisolublemente a la bondad porque ambas son la misma cosa y medio para alcanzar la verdadera Felicidad (que no es otra sino la virtud). Para poder alcanzarla, esos seres privilegiados (en cuanto a que son los únicos capaces de hacerlo) que son los músicos, los enamoradizos y los filósofos (entre los que incluimos al hidalgo manchego) emprenden un camino ascendente (como también hiciera Dante en la Divina comedia), que en este caso comienza ya en el mundo de lo inteligible (puesto que don Quijote es, como ya dijimos, parte pasiva del alma inteligente). En este camino, para no perderse, se hace necesaria la presencia de un “guía” que lo reconduzca por el camino correcto: Dulcinea en esta obra, Beatriz en la de Dante.

Este concepto de guía permite enlazar estas ideas con las teorías de Platón, quien lo recoge cuando habla del viaje del alma al Hades y su posterior retorno a la vida terrena. Para que el alma escoja el camino adecuado, será necesaria la presencia de un guía, si bien aquella debe haberse purificado previamente.

Para conseguir esta alma pura y comedida es necesario cultivar el espíritu, y eso se logra a través de la poesía, arte global (según Platón y también según Octavio Paz cuando habla de la unidad de las artes: todas son una porque todas son poesía) que nos permite crear otros mundos posibles por “inspiración” de la divinidad. En el caso de don Quijote, también él se convierte en creador de mundos posibles por inspiración de Dulcinea: nuestro héroe, como buen caballero andante, sustituye a Dios por su dama, a la que se encomienda para ello.[2]

Don Quijote transforma la realidad a través del lenguaje: como un nuevo Adán, pone nombres a las cosas y crea nuevas realidades, crea nuevos mundos a partir de la palabra (es lenguaje, es Dialéctica) y se crea a sí mismo. De esta manera, se convierte en todo un “poeta romántico” en el que se funden el caballero andante, el vidente y el enamorado [3], pues, como él mismo dice, son indisolubles el amor y el caballero ya que este siempre ha de estar enamorado.[4]

A través de la imaginación y de la palabra, Alonso Quijano da ese salto mortal que comunica al ser humano con su yo más profundo, entra en comunicación con “el otro” que habita dentro de él (don Quijote) y cruza a la otra orilla. Y para hacerlo, su puerta de acceso no es otra sino Dulcinea: la mujer, la divinidad, la inteligencia creadora…[5]

Volveré enseguida sobre esta idea, pero antes he de retomar el tema de la belleza del alma según Platón, esa alma que debe ser buena, pura y comedida (virtuosa, en suma). En relación con esta idea no podemos pasar por alto el pensamiento que la pastora Marcela expresa en un momento de la obra: “La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque no lo sea, no debe de parecer hermoso”, pensamiento que tiene mucho que ver también con el concepto de lo sublime de Longino.

Para este autor, la esencia de lo sublime reside en la nobleza del espíritu (el alma virtuosa); la pasión, que hace apreciar las cosas de manera entusiasta y vehemente y transmitirlas de igual modo, es una de las cualidades innatas del poeta, como lo es también de don Quijote (que pone pasión en cada uno de sus actos). Si no hay nada tan sublime como una pasión noble y esta es la principal fuente del estilo, hay que concluir también que esta es la principal fuente de la que beben las “creaciones” de nuestro caballero andante.

Las teorías de Longino permiten reforzar la idea ya apuntada de considerar a don Quijote como inteligencia: si aquellos que tienen pensamientos profundos se expresan con palabras grandiosas (no olvidemos el léxico que utiliza nuestro héroe), y esto es así por la vinculación existente entre lenguaje y pensamiento, hay que concluir que don Quijote es lenguaje (tal y como hemos visto) y, como tal, pensamiento, pensamiento elevado, y, por tanto, inteligencia o parte intelectiva del alma.

Como vemos después de estos razonamientos, la filosofía que se desprende de la lectura de El Quijote parece convertirse en una estructura circular que permite enlazar continuamente las teorías de unos filósofos tan importantes como distantes en el tiempo. Todo está unido en una gigantesca tela de araña, en una suerte de arabesco que conduce de nuestros arcanos a las líneas del pensamiento del siglo XX, sin olvidar esos grandes movimientos que fueron el surrealismo y, sobre todo, el romanticismo.

Notas: 

[1] Plotino, Enéada I 6, 5- 40 a 55 y 6- 5 a 15.

[2] “Los caballeros andantes […] antes se encomiendan a sus damas […] como si ellas fueran su Dios”. Pág. 51, Obras completas de Miguel de Cervantes, tomo I, ed. Aguilar, colección Clásicos.

[3] Octavio Paz, El arco y la lira, pág. 239. Fondo de Cultura  Económica, 1956.

[4] “Digo que no puede ser que haya caballero andante sin dama, porque tan propio y tan natural les es a los tales ser enamorados como al cielo tener estrellas […]”. Pág. 52, Obras completas de Miguel de Cervantes, tomo I, ed. Aguilar, colección Clásicos.

[5] Octavio Paz, El arco y la lira, pág. 241. Fondo de Cultura Económica, 1956.

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Un comentario en “Don Quijote a la luz de la filosofía antigua

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