El vudú como culto de resistencia.

El vudú como culto de resistencia. Por Francisco Muriana.

vudu

Una de las interpretaciones del fenómeno religioso, la interpretación sociológica,  defiende que hay creencias y prácticas mágico-religiosas que valen  para expresar,  legitimar y proyectar oposiciones políticas que no pueden expresarse de otra manera. Y esta es la línea que vamos a seguir para hablar del vudú, que no se trata de un fenómeno religioso aislado, pues está íntimamente relacionado con los llamados cultos afroamericanos. En todos estos cultos se da lo que se ha llamado “recurso de contramodernidad”.

Estos cultos lo que hacen es  legitimar la resistencia a una aculturación impuesta, y  exaltar los valores propios en contra de las normas y costumbres occidentales que han  sido impuestas a la fuerza. Y aunque estos grupos humanos dominados tengan que adoptar las formas externas que les ha impuesto la cultura dominante, sus fines van a seguir siendo los de la cultura dominada.

Uno de los rasgos más típicos de estos cultos afroamericanos son los  llamados ritos  de posesión. Ritos de posesión que han sido analizados desde muchos puntos de vista. Se ha señalado  tanto su valor terapéutico y catártico, como su función cognitiva, al volver naturales y concretos a seres que son abstractos y sobrenaturales… y también hay en ellos una finalidad política porque permiten proyectar y resolver tensiones sociales en un mundo “paralelo” de forma favorable, lo cual no es posible en el mundo real.

Ioan Lewis en su trabajo sobre cultos de posesión en África afirma que lo que hacen estos cultos es vehicularizar conflictos sociales. Lewis destaca que estos cultos agrupan básicamente a mujeres –que son un sector relegado de la sociedad- y a hombres de baja extracción social, tratándose de lo que llamamos cultos periféricos llamados así al darse sobre todo en individuos periféricos en su sociedad. ¿Cómo funcionan estos cultos?  Lo que hacen las mujeres en  palabras de Lewis es seguir “una estrategia definida para obtener los fines que no pueden conseguir rápidamente de manera más directa”.Y el autor nos afirma que esto funciona así entre los pastores nómadas de Somalia, los haussas de Nigeria, los Kambia de África oriental o los kayta de Kenia.

Vamos a ver un ejemplo concreto sobre el funcionamiento de estos cultos de posesión: los cultos zar en Sudán. Lo que hacen los seguidores de estos cultos es atribuir los desórdenes emocionales leves a la posesión de unos espíritus llamados zar. Estos espíritus pueden ser aplacados, pero no expulsados definitivamente y permanecen ligados a su portador para siempre. Para aplacar estos espíritus se necesita a alguien con experiencia, es decir, a alguien que ya haya sufrido una enfermedad por culpa de uno de ellos. Estos sanadores son oficiantes del culto. O mejor podríamos decir sanadoras, porque casi todas son mujeres. Hay que recordar que estamos hablando de una sociedad islámica.

En el culto la oficiante interpreta las peticiones del espíritu, pues la poseída está en  trance inducido y la oficiante es su intérprete. Otras veces, lo que hace la oficiante es  interpretar los sueños de la poseída, puesto que el espíritu comunica sus requerimientos mediante los sueños.

Y durante el ritual cualquiera puede ser poseído. Otro estudioso de estos cultos,  Constantínides nos cuenta que “las mujeres, cuya cultura espera de ellas una  conducta reposada pueden llorar, gritar, bailar, aullar, darse golpes violentos, e incluso fumar, beber o pavonearse”.

Constantínides ve estos cultos zar de Sudán como un movimiento rebelde, pues son seguidos por mujeres  divorciadas, viudas o sin hijos. Es decir, mujeres que no dependen de un varón.

Como reflexión personal creo que podemos ver un paralelismo sobre los sucesos ocurridos en Salem. Las jóvenes de esa localidad, sometidas a un ambiente puritano muy rígido, de repente al ser poseídas, se veían liberadas de sus obligaciones cotidianas y podían tener un comportamiento muy diferente al permitido, puesto que no eran responsables de sus actos. ¿Cómo evolucionó la cultura religiosa africana al ser violentamente transportada a  las plantaciones de esclavos de América?

El modelo de colonización ha querido que el grado de africanización varíe de isla en isla o incluso, que cambie radicalmente dentro de una misma isla, que es lo que ocurre con Haítí (colonia francesa) y con la República Dominicana (colonia española).

El Código Negro, editado por Colbert, y promulgado en 1685 por Luis XIV, reglamentaba duramente la vida de los esclavos y recomendaba la estricta mezcla de etnias para evitar cualquier intento de rebelión. Fue aplicado igualmente, sin enmiendas, en las colonias inglesas, pues los colonos y los misioneros católicos y protestantes coincidían en que los cultos africanos eran prácticas “diabólicas”, expresión de la “barbarie negra” y que debían ser severamente reprimidos.

La “evangelización” se limitaba a la enseñanza del catecismo. El único sacramento que el Código exigía era el bautismo, siempre colectivo y a toda prisa, y que suponía para el esclavo un total desarraigo con sus orígenes, pues perdían su nombre.

La única práctica tolerada era danzar y cantar, sólo los domingos y lejos del amo, a quien no se debía “perturbar el descanso”. Además de los bailes religiosos celebrados en honor de algún santo o los bailes de regocijo, se realizaban, en la más estricta clandestinidad, en horas nocturnas, danzas relacionadas con un culto vudú de indiscutible raíz africana.

En esta colonia aparecerá una economía de plantación trabajada por esclavos traídos a la fuerza de diferentes partes de África: bantúes, sudaneses, poblaciones del Senegal y de Dahomey que no hablaban una lengua común. Así que los esclavos  adoptaron como lengua franca el francés del noroeste de Francia, que era el que hablaban los propietarios de las plantaciones. Es este francés normando en coexistencia con los dialectos africanos, el origen del créole de Haití.

El créole hasta épocas recientes, al igual que la religión vudú, ha sido desvalorizado. Y sin embargo, no se trata de una jerga vulgar, puesto que lo hablan todos los habitantes de Haití, ricos y pobres. Y para los fetichistas de la cultura escrita, decir que tiene su propia gramática y su propia literatura.

Pero lo más importante para nosotros, es que la religión vudú está codificada en  lengua créole: el criollo es el idioma del vudú. Al igual que el criollo es el resultado de esa interacción entre un dialecto europeo y lenguas africanas, el vudú va a ser el resultado del mestizaje de las creencias de los europeos y de aquellos esclavos africanos de diversos orígenes.

Y del mismo modo que el criollo fue despreciado durante mucho tiempo, la élite haitiana considerándose asimismo como franceses “coloreados”, apenas disimuló la vergüenza que le causaba la religión vudú, por considerarla vergonzante.

Ha sido recientemente la revalorización de lo indígena lo que ha permitido la visión de y los trabajos recientes de la religión vudú como símbolo de resistencia cultural, sobre todo frente a la religión oficial, la religión católica.

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