“Celia en los infiernos”: Galdós, sombra de Molière

“Celia en los infiernos”: Galdós, sombra de Molière. Por Luis Quiñones.

Galdós

Casi cien años, un siglo entero, han transcurrido desde que Benito Pérez Galdós estrenara Celia en los infiernos un 9 de diciembre de 1913, en el Teatro Español de Madrid. Él ya habitaba su particular infierno: el de la ceguera, el de la vejez y el de la pobreza. Escrita al dictado, tal y como afirma en su correspondencia, ese Galdós agotado y anciano no podría pensar que esta, como alguna de sus otras obras menores, cayera en el desconsiderado olvido de la crítica y del público, que no siempre recuerda al dramaturgo realista con el mismo entusiasmo que al genial novelista que fue.

El año 1913 es un año convulso de la también olvidada historia española. No solo entra en crisis la Conjunción republicano-socialista, sino que además Alfonso XIII da el gobierno al conservador Eduardo Dato. Algunos meses antes, se establecía por ley la jornada laboral de sesenta horas semanales para los trabajadores de las industrias textiles, en un intento de dignificar la vida de los obreros y aplacar así parte de los movimientos sociales, ya bien organizados en España y en el resto de Europa.

Y es precisamente ese el infierno galdosiano de esta obra. No hay ningún viaje dantesco, ni una teología, ni apenas resto alguno de espiritualismo, como se ha llegado a afirmar de esta obra. Celia, la protagonista, nacida en el cielo de la aristocracia madrileña, emprenderá un viaje hasta lo que en esta comedia seria se denomina “infierno materialista”: los bajos fondos, las calles en las que la pobreza no se oculta, el viejo barrio de El Rastro, sus curtidurías, sus míseras corralas pobladas de ignorancia y enfermedades, famélicos traperos y borrachos que visitan las agrias tabernas de Lavapiés. Es el mismo infierno material de las vagonetas de los mineros de Montsu, descendiendo en busca del carbón que propicia el progreso del cual son víctimas. Y es hasta ahí hasta donde viaja Celia, una rica heredera con vocación social, que busca a Germán, su ex empleado, que después de deshonrar su casa lo despide (lo expulsa del paraíso de las comodidades), a pesar de que siente un apasionado amor por él, sin importarle su pobreza.

Una mujer rica bajando al infierno de la realidad. Una heroína despojada de todos los estereotipos folletinescos de la literatura anterior, y que se convierte en redentora de pobres. Un personaje único en la obra galdosiana, que escucha a su empleado Germán lamentarse de su propia condición social, dibujando el autor un mapa de la gran contradicción española: “¿Qué razón hay para que unos carezcan de medios de vida y otros los posea de un modo exorbitante? Por todas partes vemos que la inteligencia y la actividad perecen, y la holganza sin ideas rebosa de bienestar?” (Esc. VIII, A. I), mientras se excusa de sus propias ideas, que no son más que “sueños de pobres”, asumiendo que: “Condición de pobres es soñar, para que vengan a su bolsillo los dineros que en otros bolsillos están de sobra”.

El infierno está en las clases humildes, pero en algo se ha tornado la realidad desde 1913. Aquel retrato de Misericordia, o la fotografía de Fortunata observando a los obreros de Cuatro Caminos se diluye en una crítica mucho más contundente contra el público burgués que asiste al teatro: es un Galdós radical, ciego, pobre y endeudado el que escribe esta obra. Pone sobre el escenario, en clave de humor, lo que vendrá después, lo que con el tiempo habríamos de observar los españoles de hoy: de nuevo la miseria acechando desde sus propios infiernos, aunque esta vez sea una pobreza acomodaticia, que se apoya con el codo en las barras de las tabernas que censuró Zola y que apela a la ignorancia como modelo de vida, bien diferentes de los obreros concienciados de algunas obras de Galdós. No debía de ser una licencia literaria el hecho de que uno de aquellos personajes con que Celia se encuentra en su descenso infernal sea un cabalista capaz de leer el futuro. Infinito es bautizado por don Benito. Infinito: que no tiene fin, que no tiene término, solución, tal vez, como algunos problemas.

La rocambolesca historia de esta muchacha concluirá con la cesión de los derechos de una inmensa trapería que ella misma compra, y cuyas acciones reparte entre los hambrientos y mal pagados obreros que pueblan el extrarradio de Madrid, prometiéndoles salarios justos, repartición de los beneficios y pensiones dignas. He aquí la cuestión obrera, que abordará el propio Galdós, durante el año 1912, afirmando en una entrevista: “¿Qué preveo? Que todo seguirá lo mismo. Que volverá Maura, y Canalejas, y que los republicanos no podrán hacer lo que sinceramente desean, y que así seguiremos viviendo hasta… Hasta que del campo socialista sobrevengan acontecimientos hondos, imprevistos, extraordinarios”.

Por tanto, Galdós es consciente de que la solución social al conflicto obrero no pasa por una utópica Celia descendiendo al infierno para repartir su herencia, sino de un pueblo que decide salir de su propio infierno. ¿Por qué Celia, pues, dirigiendo el cambio social, organizándolo desde arriba? La comedia se presta, como género, a esto mismo, a enmascarar la realidad, a convertirla en espejo de las virtudes y los defectos, siendo este género proclive a mostrar personajes jocosos o ridículos. Galdós no es partidario de una revolución dirigida desde el mismo poder. El personaje de Celia es solo un recurso teatral al servicio de su ideología.

Desde el teatro antiguo, la comedia tiende a la falsedad,  a la deformación del arquetipo; Molière lo sabía: llevando hasta un extremo delirante los vicios, para convertirlos en una caricatura concienciadora. Celia es caricatura de la aristocracia, un imposible, que no encaja en la mentalidad del viejo revolucionario, pero que cuenta con el ignorante apoyo del público burgués, que no sabe que en esta obra Galdós es una sombra certera del dramaturgo francés.

Anuncios

2 comentarios en ““Celia en los infiernos”: Galdós, sombra de Molière

  1. Tomo buena nota de tu quehacer también como crítico. No conozco esa obra, pero sí parte de lo que Galdós escribió, por lo que considero acertada tu reflexión sobre esta Celia y aquellos sus infiernos que nos persiguen.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s